En la historia de LibertadZero he hablado múltiples veces de la gran contradicción con la que trabaja actualmente la Industria de los contenidos al rededor del mundo, casi siempre las más atacadas son la industria editorial y la musical y es que en su discurso en contra de la mal llamada piratería, a veces recurren a trucos publicitarios bastante baratos que nos quieren hacer creer que el compartir cultura (expresada en música, libros, artículos, fotos o lo que sea) es un delito.
Aquí en México ya tenemos experiencia con estas campañas, quizá la más conocida sea la del “papá pirata” en las que unos niños que están viendo una película en su casa, se quejan de la mala calidad de la misma, atribuída a que la película fue comprada de un puesto pirata. Esta campaña la han repetido hasta el hartazgo, lo curioso es que la campaña aparece en todos los discos y películas “originales” así como en proyecciones cinematográficas cayendo en una contradicción nuevamente pues el público al que supuestamente van dirigidas las campañas obviamente no está viéndola (aunque debo reconocer que alguna vez compré una película pirata que incluía hasta la campaña contra la piratería lo cual simplemente me pareció una situación bastante graciosa e irónica. Repecto a la campaña ha ido cambiando la dinámica y las situaciones, pero en todas invariablemente se aplica la relación mala calidad=pirata, sin embargo esa premisa hoy ya no es necesariamente cierta.
Sin embargo esa campaña no es la que me trae a escribir hoy, sino una que ya me habían contado de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) en la que aparecen algunos de sus agremiados haciéndonos sentir culpables porque “si ellos fueran otra cosa, seguro les pagaríamos”, vean el vídeo y luego sigo con mis comentarios:


