La cultura es sin duda alguna uno de los bienes más preciados de la humanidad, si se busca en el diccionario, la palabra cultura significa: “las artes y otras manifestaciones de los logros intelectuales humanos, considerados por la colectividad”; “las ideas, costumbres y comportamientos de un grupo particular de la sociedad”[1]. Sin duda la primer definición ayuda a entender que es la colectividad la que “legitima” lo que es considerado un bien cultural.
Hoy en día vivimos una guerra que alza como estandarte la cultura sin embargo quienes alzan este estandarte (legisladores de todo el mundo y directivos de empresas de la “industria cultural”) quizás no estén representando los intereses de la cultura y en cambio sólo estén representando (como en la mayoría de las cosas que defienden) los interés económicos individuales que desgraciadamente parecieran ser los únicos criterios que guían este mundo.
Tenía tiempo que no escribía, es cierto, es complicado volver a este hábito, de hecho no sé si tenga tiempo para seguir escribiendo como lo hacía antes, pero es que es inevitable no escribir y denunciar esto cuando veo que el mundo parece que hoy está un poco más receptivo a los temas de los que hablaba hace algunos años. La cultura digital libre se está volviendo cada vez un tópico más común en las aulas, en las discusiones de oficina y hasta en las casas.
Hace unos días vivimos el que desde mi punto de vista ha sido un día histórico para la humanidad, el 18 de enero miles o quizás millones de personas exigimos (de muy distintas maneras) un alto a una legislación que amenazaba seriamente a la red. Las protestas en contra de la ley SOPA (Stop Online Piracy Act, por sus siglas en inglés) tomaron un revuelo internacional, algunas de las principales páginas a nivel mundial detuvieron su actividad o incluyeron mensajes para concientizar a la población de los peligros que acarrearía la aprobación de una ley así y todo es en verdad notable que todo fue por una ley que se discutía en ¡Estados Unidos!
Esto hace algunos años hubiera sido imposible (tan es así que por ejemplo en 2006 miles de migrantes se manifestaron en calles de las principales ciudades estadounidenses exigiendo un mejor trato y mayor justicia y la realidad es que siguen sin lograrlo) lo que sucedió el 18 de enero tuvo proporciones globales y la respuesta fue que la SOPA y la PIPA (Protect Intelectual Property Act) se retiraron por el momento de las discusiones legislativas.
Sin embargo no todo es felicidad, a las pocas horas del cese de SOPA/PIPA, el FBI dio un golpe muy duro a la red, Megaupload, uno de los portales más visitados de almacenamiento y descarga de archivos fue cesado y los principales directivos a nivel mundial fueron capturados y presentados como si fueran grandes criminales.
Muy relacionado con esto, en estos días en los pasillos de la cámara alta de nuestro país hay un fantasma rondando que amenaza nuevamente a la red, la llamada Ley Döring (por el Senador que la impulsa, Federico Döring Casar). Sólo basta leer la exposición de hechos para darse cuenta de que el “ilustre” Senador no comprende el papel que la red tiene en pro y no en contra de la cultura, en más de una ocasión, presenta a tecnologías como las redes P2P como amenazantes para la cultura y es por eso que decidí volver a escribir hoy, ya que no puedo permitir que se siga engañando a la gente bajo el falso estandarte de defensa de la cultura cuando lo que se defiende son meros intereses económicos, en este caso de los intermediarios y distribuidores de contenidos.
Y es que como mencioné anteriormente, la cultura es algo que de cierta forma se legitima por la colectividad, por ende, debe transitar libremente entre las personas para que esta quede legitimada, mi punto toma fuerza cuando me pongo a analizar lo que es la cultura mexicana, tomemos un pequeñísimo fragmento de nuestra cultura: la comida.
Sin duda la cocina mexicana trasciende nuestras fronteras, es conocida a nivel internacional y está considerada (esto según los expertos en la materia) como unas de las cocinas más ricas en cuanto a sabores, olores y texturas se refiere, quizás sólo superada, insisto, según los que saben, por la francesa.
¿Cómo fue el proceso mediante el cual se difundió? ¿cómo se internacionalizó? Pasó como gran parte del conocimiento de la humanidad primero de boca en boca, se agregaron ingredientes a las recetas, se aplicaron mejores métodos para la preparación y en general se fue fusionando con otras cocinas del mundo para ser lo que es hoy. Un proceso similar pasa con todos los rubros culturales, se mezclan se añaden partes, se copian procesos. Casualmente estas palabras hoy parecieran sinónimos de delitos, copiar es equiparable a robar según algunos legisladores y eso sin duda es preocupante.
Volviendo al punto de la comida, ¿alguien puede adjudicarse la autoría de unos chiles en nogada O decir acaso que es el inventor/a del mole, peor aún, alguien ha oído que alguien tiene los derechos intelectuales de los tacos? Por supuesto que ninguno de los tres casos, pero casualmente hay quienes dicen ser los dueños de ideas y eso simple y sencillamente no puede ser.
Es por esto que cuando alguien habla de defender la cultura y se escuda bajo una iniciativa de ley que sólo busca advertir y en su caso penalizar a quienes difundan la cultura sin la autorización de los titulares de los derechos de autor me parece un absurdo y una contradicción.
¿Porqué? porque lo que nunca nos dicen estas iniciativas es que los titulares de los derechos de autor y los autores, generalmente no son la misma persona ¿cómo es esto posible? Pues si, en general, los titulares de los derechos de autor son las grandes editoriales en el caso de los libros, son las disqueras en el caso de la música, pero ¿y los autores? ¿los creadores de contenido? Pues ellos simplemente reciben una parte de lo que realmente les debería corresponder, cuando hablo de esto siempre pongo el ejemplo del libro.
¿Qué es lo realmente importante de un libro? ¿las hojas?, ¿la pasta?, acaso será ¿la portada? Por supuesto que no, lo importante es el contenido, la idea, porque es eso y no las hojas o la tinta la que contribuye a enriquecer la cultura.
Ahora bien, hay que reconocer que en los miles de años que llevamos sobre la faz de la tierra, hasta hace relativamente muy poco tiempo, elaborar una obra (la que fuere) en medios “físicos” representaba un coste, mismo que es justo sea retribuido a los intermediarios de la industria cultural. ¿Pero qué ha pasado con la era digital? Hoy en día gracias y no a pesar de la tecnología los costes de producción se han reducido dramáticamente, pero ¿qué pasa con los costos a los consumidores de medios? Al parecer estos no se han enterado que ya llegó una nueva era digital donde el costo marginal (el costo de producir una unidad más) se acerca a cero (nunca llegará a cero, pero es muy cercano).
Hace poco entré en una de las tiendas de libros digitales de nuestro país y me encontré con la sorpresa de que un mismo libro en formato digital puede ser igual o hasta más caro que el formato físico. Esta es mi principal crítica a los intermediarios, a las editoriales, a los distribuidores, a las disqueras. ¿porqué no son justos y se acoplan a las nuevas tecnologías y lo que nos ofrecen? Tienen que entender que hoy en día el precio para bienes culturales no debe estar determinado por lo que ellos hacen sino por la calidad de los contenidos que distribuyen.
Mientras siga el modelo de esta forma no dejaré de criticar a estos depredadores de la cultura y por ende a quienes los defienden con un falso argumento de defensa de la misma. Por eso cuando leo iniciativas como la ley Döring simple y sencillamente me pongo a ver lo alejados que se encuentran nuestros legisladores de la realidad.
Si de verdad queremos defender la cultura hay que liberarla de ataduras como los mal llamados derechos de autor que no defienden a los autores pero que si lo hacen con los intermediarios (los que yo llamaría, narcotraficantes de la cultura).
Algunos se preguntaran bueno si este loco defiende que los costos bajen a casi cero ¿de qué vivirán los autores? Es muy simple, de la misma forma que lo han hecho hasta ahora con las raquíticas subvenciones que da la industria intermediaria.
Un músico hoy en día no debe vivir muy bien si sólo de las ventas de sus discos quiere vivir (claro a menos que seas los Rolling Stones o Lady Gaga, pero aún a ellos no se les retribuye como deberían), los músicos viven presentaciones, jamás será lo mismo escuchar un disco (por mucho que mejoren los formatos analógicos o digitales) a escuchar en vivo a tu músico favorito, en los inicios de la industria musical los discos eran considerados como material de promoción para que la gente se familiarizara con los autores y sus letras y cuando se presentaran puediera vender entradas a sus shows, así es como verdaderamente se mueven los músicos, de eso viven los músicos de hoy.
Hoy en día pareciera que vender discos es lo único que importa para la industria (razón por la cual cada vez hay menos artistas de calidad y cada vez más artistas plásticos y prefabricados). Este es el verdadero meollo de la guerra que vivimos esto es lo que tenemos que defender, la cultura no se defiende con obstáculos legales y coerciones, se defiende y se regenera difundiéndola.
Saludos.
P.D. No terminábamos de celebrar el enfriamiento de la SOPA cuando la vieja y rancia ACTA volvió y al parecer con todas sus fuerzas, pero de eso espero poder escribir otro día.