Siempre me he considerado como una persona que ve en la tecnología y los avances de ésta, un agente de cambio, pero no uno meramente tecnológico, sino social, económico y por supuesto político, sin embargo también he sido (y en más de una ocasión) crítico del uso que se le da a esa tecnología, en particular de las redes sociales como agente político en nuestro país.
Justamente en la esfera de lo político es donde, desgraciadamente, he visto los menores avances. ¿Por qué digo esto? Lo explicaré.
Hoy por la mañana mientras iba al trabajo, venía leyendo “Campos de Batalla”, el blog de @mariocampos en el periódico El Universal. Para quienes no conocen a Mario Campos, él es el titular de la primera emisión de Antena Radio, el espacio noticioso de las estaciones del Instituto Mexicano de la Radio (IMER), además también es profesor universitario y los temas que maneja principalmente son de agenda en los medios.
Como les decía, venía leyendo el post de hoy, que me pareció muy acertado y en parte inspiró mi post de hoy, el tema: “El autoengaño de Andrés Manuel”, a grandes rasgos, refleja de manera objetiva el fenómeno de autoengaño que hoy en día viven los seguidores de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las redes sociales y que he visto tanto en amigos como en conocidos en mis redes sociales.
El fenómeno es simple: quienes siguen a AMLO, desconocen las encuestas que colocan a sus contrincantes políticos por encima de Andrés y por su parte apoyan y difunden encuestas (en mi opinión) de dudosísima procedencia en las cuales el oriundo de Tabasco aparece como primer lugar en las intenciones de voto. Esto lejos de ser una estrategia de posicionamiento de AMLO frente a Enrique Peña o Josefina Vázquez Mota se vuelve un espejismo que ha confiado a quienes apoyan la causa de Andrés inutilizando una verdadera acción política que se traduzca en intenciones de voto para el autodenominado “Movimiento Progresista”.
Sé que mi caso es particular, soy politólogo de la UNAM y por ende, muchas de mis amistades están involucradas en el ambiente político, quizás por eso, el fenómeno que describe Mario Campos no me sorprendió nada, la realidad es que en mis diversas redes he visto una oleada de mensajes que apoyan la causa de Andrés con una confianza que se equipara a la vivida en los mejores momentos de la campaña de AMLO en 2006, los mensajes son claros: encuestas en las que Andrés tiene una preferencia de voto de entre el 30 y el 40% frente a porcentajes que rondan los 20s para JVM y los 15s para EPN. Los mensajes quizá sean muy claros pero la realidad es muy diferente.
Independientemente de si quieren creer en las encuestas (cada que hablo de ellas me gusta sacar la frase de George Bernard Shaw: “La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene 2 coches y yo ninguno, los dos tenemos un coche.”), la realidad es avasalladora y yo como científico social debo analizarla con más detalle. El asunto no es tan complicado, a pesar de los datos alentadores sobre acceso y penetración de tecnologías de la información en la sociedad mexicana (les recomiendo ver los informes de la Asociación Mexicana de Internet, AMIPCI), en los que México tiene tasas de crecimiento bastante buenas, aún faltan millones de mexicanos con acceso a las mismas.
El asunto es que si soy muy optimista, sólo 30 millones de mexicanos tienen acceso a Internet (apenas un 20 o 25% de la población total en nuestro país), sin embargo no todo el país puede votar, el padrón electoral para 2012 es de entre 70 y 75 millones de electores, lo cual nos habla de que el porcentaje de votantes que tienen acceso a internet es un poco mayor, sin embargo hay un porcentaje bastante negro en los números electorales, olvidamos que siempre hay un ganador en las elecciones, un ganador que sobrepasa a cualquier candidato y ese es el abstencionismo, el cual representa casi el 40% del padrón electoral.
Entonces tenemos que de esos 75 millones sólo irán a votar aproximadamente 45 millones de mexicanos Para abonar a los datos anteriores uno de los segmentos que más han contribuido al crecimiento del acceso a internet ha sido el de los jóvenes de entre 12 y 17 años, una lástima ya que en México se puede votar hasta los 18 años, pero no seamos negativos, pensemos que de esos 30 millones 20 de ellos sean votantes contantes y sonantes.
Si leo lo que he visto en las encuestas de internet (pseudoencuestas sería más correcto) y AMLO en verdad tiene un 40% de intención de voto, serán aproximadamente 8 millones de votos.
8 millones es número muy reducido de votos contra lo que se necesita para ganar una elección, representa apenas el 11% del total de la elección y recordemos que en este ejercicio, este fue el panorama positivo, siendo más realistas AMLO tendrá entre 4 y 5 millones de votos de votantes provenientes de internet, apenas un 7% del total.
El verdadero peso político está en las clases media baja y bajas, los cuales no tienen tanto acceso a medios como Internet pero si tienen un mayor acceso a medios “tradicionales” donde el dinamismo e inmediatez de las redes sociales llega ocasionalmente.
Toda esta numeralia que di es sólo para ejemplificar el autoengaño que han provocado las redes sociales y quienes ven en ellas un “poderoso” agente de cambio social.
Es cierto, durante el año pasado y este, hemos visto que gracias a las redes sociales se han comenzado grandes movilizaciones que han generado cambios políticos, sociales y económicos, pero sólo gracias a ellas no exclusivamente por ellas.
En cambio en nuestro país hay personajes que pregonan día y noche que ésta será la elección que las redes sociales dominen, que en esta elección veremos como las redes sociales influyen directamente en el electorado para imponer sus tendencias (como si de la noche a la mañana México se hubiera vuelto Estados Unidos y los candidatos tuvieran estrategias de comunicación de Barack Obama), nada más lejos de la realidad.
Bien dicen que para ejemplo, basta un botón: a inicios de año, el candidato del PRI/PVEM, Enrique Peña tuvo uno de sus peores momentos al pasar de un ridículo a otro, desde lo ocurrido con los famosos libros de la FIL hasta las declaraciones de su hija y la “prole”, día a día en las redes sociales aparecían hash tags de burla u ofensa, miles de imágenes y mensajes circulaban por Facebook haciendo campaña en contra del candidato, al final el gran daño fue nulo, ya que hasta el día de hoy sigue arriba en las encuestas (las que son un poco más serias que las de internet, pero sólo un poco, tampoco son infalibles).
Otro ejemplo y más reciente, el de las pifias de Josefina: desde su estadio vacío y los constantes chistes sobre lo “Forever Alone” que es Josefina, pasando por las grabaciones de García Luna y Alejandra Sota hasta terminar en el asunto de “TlaZcala”, la realidad es que Josefina no da una y en las redes hay servidores que están incendiándose de la cantidad de imágenes mensajes y burlas hacia la candidata, pero hoy en día sigue como segundo lugar en las encuestas.
La pregunta obligada para los gurús de las redes sociales es ¿dónde está el impacto de las redes en la elección? ¿dónde veo que las redes están marcando la tendencia?
Lo único que veo en estos ajetreados días electorales es que las redes sociales sirven para dos cosas:
1. Dar (eso si) oportunamente las noticias sobre los candidatos, cosa que los medios tradicionales han aprovechado y usan ocasionalmente para dar la “notita curiosa o chistosa” en sus noticiarios y;
2. Para volver insufrible la interacción en internet en foros de debate político, periódicos y revistas digitales, así como en las propias redes, esto propiciado gracias a los ejércitos de bots (de los 3 candidatos) manejados por unas cuantas agencias digitales, los cuales ante la menor provocación crean hash tags verdaderamente ridículos (en donde los únicos que participan son las campañas y contracampañas de las agencias mencionadas), generan discusiones vacías con un discurso prefabricado o que, en el peor de los casos, sólo se dedican a atacar y ofender a cuanta persona entre en el público objetivo de los “contrincantes políticos”.
Así que vuelvo a hacer la pregunta ¿estas son las poderosas redes sociales que van a generar un cambio político y social en nuestro país? O ¿son meramente un entretenimiento pasajero para los pocos que tenemos acceso a estas tecnologías?
En cualquiera de los casos nos veremos el 3 de julio con los resultados y anticipo que todos aquellos que hoy dicen que las redes son las grandes movilizadoras de cambio, estarán muy muy calladitos disfrutando los cheques de sus agencias digitales que les trajo la “mini guerra mundial” en Twitter y Facebook.
Saludos.